Sunday, June 6, 2010

Lo que todo ambientalista necesita saber sobre capitalismo - Elpolvorin

Fred Magdoff y John Bellamy Foster
Monthly Review | Volumen 61, número 10 | Marzo de 2010
Traducción al español: Observatorio Petrolero Sur

Ha llegado el momento de que aquellos preocupados por el destino de la Tierra enfrenten los hechos: no sólo la grave realidad del cambio climático sino también la acuciante necesidad de un cambio en el sistema social. La incapacidad de arribar a un acuerdo sobre el clima global en Copenhague en diciembre de 2009 no fue únicamente una simple abdicación de liderazgo mundial, como se ha sugerido frecuentemente, sino que tuvo raíces más profundas en la inhabilidad del sistema capitalista para lidiar con la creciente amenaza a la vida en el planeta. El conocimiento de la naturaleza y los límites del capitalismo, y los medios para trascenderlo, tienen entonces importancia vital. En palabras de Fidel Castro en diciembre de 2009: “Hasta hace muy poco se discutía sobre el tipo de sociedad en que viviríamos. Hoy se discute si la sociedad humana sobrevivirá”.[1]

I. La crisis ecológica planetaria

Existe abundante evidencia de que los humanos han causado daño ambiental durante milenios. Problemas por deforestación, erosión de suelos, y salinización de suelos irrigados se remontan a la antigüedad. Platón escribió en Critias:

Nuestra tierra ha venido a ser, en comparación con la que fuera entonces, como el esqueleto de un cuerpo descarnado por la enfermedad. Las partes grasas y blandas de la tierra se han ido en todo el derredor, y no queda más que el espinazo desnudo de la región. Pero, en aquellos tiempos, cuando estaba aún intacta, tenía como montañas, elevadas ondulaciones de tierra; las llanuras que hoy día se llaman campos de Feleo, estaban cubiertas de glebas grasísimas; sobre las montañas había extensos bosques, de los que aún quedan actualmente huellas visibles. Pues, entre estas montañas que no pueden alimentar ya más que las abejas, las hay sobre las que se cortaban, no hace aún mucho tiempo, grandes árboles, aptos para levantar las mayores construcciones, cuyos revestimientos aún existen. Había también multitud de altos árboles cultivados, y la tierra brindaba a los rebaños unos pastos inagotables. El agua fecundante de Zeus que caía cada año sobre ella, no corría en vano, como actualmente para irse a perder en el mar desde la tierra estéril: la tierra tenía agua en sus entrañas, y recibía del cielo una cantidad que ella había hecho impermeables; y ella conducía también y desviaba por sus anfractuosidades el agua que caía de los lugares elevados. De esta manera, por todas partes se veían rielar las generosas corrientes de las fuentes y los ríos. Respecto de todos estos hechos, los santuarios que en nuestros días aún subsisten en honor de las antiguas fuentes, son un testimonio fehaciente de que esto que acabamos de contar es verídico.[2]

Lo que es diferente en nuestra era actual es que existen muchos más de nosotros habitando la Tierra, que tenemos tecnologías que pueden ocasionar daños mucho peores y hacerlos más rápido, y que tenemos un sistema económico que no conoce límites. El daño que se está haciendo se encuentra tan extendido que éste no sólo degrada ecologías locales y regionales, sino que también afecta el medio ambiente planetario.

Características del capitalismo en conflicto con el ambiente

El sistema económico que domina casi todos los rincones del planeta es el capitalismo, que, para la mayoría de los humanos, es tan “invisible” como el aire que respiran. Estamos, de hecho, enormemente ajenos al sistema mundial, tanto como los peces se encuentran ajenos al agua en que nadan. Es la ética del capitalismo, sus perspectivas, y forma de pensar que asimilamos y a la que nos aculturamos cuando crecemos. Inconscientemente, aprendemos que la codicia, la explotación de los trabajadores, y la competencia (entre personas, negocios y países) no son sólo aceptables sino de hecho buenas para la sociedad porque ayudan a que nuestra economía funcione “eficientemente”.

Consideremos algunos aspectos claves del conflicto del capitalismo con la sustentabilidad ambiental:


A. El capitalismo es un sistema que debe expandirse continuamente

Un capitalismo sin crecimiento es un oxímoron: cuando cesa el crecimiento, el sistema ingresa en un estado de crisis particularmente sufrido por los desempleados. La fuerza rectora básica del capitalismo y toda su razón de ser es la consecución de ganancias y riqueza a través del proceso de acumulación (ahorro e inversiones). No reconoce límites para su propia auto-expansión –ni en la economía como un todo; ni en las ganancias deseadas por los ricos; ni en el aumento en el consumo que se induce para generar mayores ganancias o corporaciones. El medio ambiente existe, no como un lugar con límites inherentes dentro de los cuales los seres humanos deben vivir junto a otras especies, sino como un reino a ser explotado en un proceso de creciente expansión económica.

De hecho, los negocios, de acuerdo con la lógica interna del capital, que es reforzada por la competencia, deben o “crecer o morir” –como el sistema en sí mismo. Es poco lo que se puede hacer para aumentar las ganancias cuando el crecimiento es lento o nulo. Bajo tales circunstancias, existen pocas razones para invertir en nueva capacidad, cerrando por lo tanto la posibilidad de obtener nuevas ganancias a partir de nuevas inversiones. En una economía estancada puede exprimirse a los trabajadores para obtener mayores ganancias. Medidas como la reducción de personal y la exigencia de “hacer más con menos” a los que quedan, la transferencia de los costos de pensiones y seguros de salud a los trabajadores, y la automatización que reduce el número de trabajadores necesarios sólo pueden llegar hasta cierto punto sin que el sistema se desestabilice más. Si una corporación es lo suficientemente grande puede, como Wal-Mart, forzar a los proveedores, temerosos de perder su negocio, a reducir sus precios. Pero esos medios no son suficientes para satisfacer lo que es, de hecho, una búsqueda insaciable de mayores ganancias, con lo cual las corporaciones se encuentran continuamente impelidas a luchar contra sus competidores (incluyendo frecuentemente su compra) para incrementar porciones de mercado e ingresos por ventas.

Es cierto que el sistema puede continuar moviéndose hacia adelante, hasta cierto punto, como resultado de la especulación financiera apalancada por deuda creciente, inclusive en medio de una tendencia de lento crecimiento de la economía subyacente. Pero esto significa, como hemos visto una y otra vez, el crecimiento de burbujas financieras que explotan inevitablemente.[24] Bajo el capitalismo no existe alternativa a una expansión indefinida de la “economía real” (por ejemplo, la producción), independientemente de las necesidades humanas reales, consumo, o el medio ambiente.

Uno podría considerar aún que es teóricamente posible una economía capitalista con crecimiento cero, y que aún así logre hacer frente a las necesidades humanas básicas. Supongamos que todas esas ganancias que obtienen las corporaciones (luego de reponer equipos o instalaciones obsoletas) son gastadas por los capitalistas en su propio consumo o dadas a los trabajadores como salarios y beneficios, y consumidas. Capitalistas y trabajadores gastarían este dinero, comprando los bienes y servicios producidos, y la economía podría permanecer en un estado constante, un nivel de no-crecimiento (lo que Marx denominó “reproducción simple” y algunas veces ha sido llamado “estado estacionario”). Como no habría inversión en nuevas capacidades productivas, no habría crecimiento económico y acumulación, y tampoco habría ganancias.

Existe, no obstante, un pequeño problema con esta “utopía capitalista de no-crecimiento”: la misma viola la fuerza básica de movimiento del capitalismo. Por lo que el capital lucha y constituye el propósito de su existencia es la propia expansión. ¿Por qué los capitalistas, quienes en cada fibra de su ser creen poseer un derecho personal a las ganancias de los negocios, y quienes se encaminan hacia la acumulación de riqueza, simplemente gastarían el excedente económico a su disposición en su propio consumo o (muchísimo menos) lo entregarían a los trabajadores para que lo gasten en el propio –en lugar de buscar expandir su riqueza? ¿Si no se generan ganancias, como podrían evitarse las crisis económicas bajo el capitalismo? Al contrario, está claro que los dueños del capital harán, en tanto y en cuanto continúen vigentes esas relaciones de propiedad, todo lo que su poder les permita para maximizar las ganancias que acumulan. Una economía en estado estacionario, o constante, como solución estable sólo puede ser concebida si se la separa de las relaciones sociales del capital.

El capitalismo es un sistema que constantemente genera un ejército de reserva de desempleados; significativamente, el pleno empleo es una rareza que únicamente ocurre con tasas de crecimiento muy altas (que, correspondientemente, son peligrosas para la sustentabilidad ecológica). Tomando el ejemplo de los Estados Unidos, observemos qué ocurre con el número oficial de “desempleados” cuando la economía crece a tasas diferentes en un período de cerca de sesenta años.

Como trasfondo, notemos que la población de Estados Unidos está creciendo a poco menos del 1 por ciento cada año, como lo hace el número neto de nuevos ingresantes en la población económicamente activa. En las mediciones actuales de desempleo en EE.UU., para que una persona sea considerada oficialmente desempleada, debe haber buscado trabajo dentro de las últimas cuatro semanas y no puede estar desempeñando trabajos de medio tiempo. Personas sin trabajo, que no han buscado trabajo en las últimas cuatro semanas (pero que han buscado dentro del último año), tanto porque creen que no hay empleos disponibles, o porque piensan que no están calificados para los disponibles, son clasificadas como “desanimadas” y no son contadas como oficialmente desempleadas. Otros “trabajadores marginalmente adjuntos”, que no han buscado trabajo recientemente, no porque estuvieran “desanimados”, sino por otras razones, como falta de una guardería asequible, también son excluidos del conteo oficial de desempleo. Además, aquellos trabajando medio tiempo pero queriendo trabajar tiempo completo no son considerados oficialmente desempleados. La tasa de desempleo para la definición más abarcativa del Buró de Estadísticas Laborales, que también incluye las categorías que desarrollamos más arriba (por ejemplo, trabajadores desanimados, trabajadores marginalmente adjuntos, trabajadores de medio tiempo queriendo trabajos de tiempo completo) prácticamente dobla la tasa oficial de desempleo de los EE.UU. En el siguiente análisis nos focalizamos únicamente en los datos oficiales de desempleo.

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