Saturday, September 4, 2010

Marijuana In America

Marijuana In America  The legalization of marijuana is no longer the unthinkable.

On a state level, in California, for instance, it could be a reality later this year.
Getty Images

Some 56 percent of people polled there already support the regulation and taxation of marijuana, ahead of a November public referendum to do just that.
Medical marijuana is now legal in California and 13 other states, while more are considering it. The drug has been decriminalized in 13 states, and in Denver voters opted to legalize a small amount for personal consumption for those over 21 years old, even though Colorado law says otherwise.


All of this is creating a legal thicket involving jurisdictional authority because on a federal level, marijuana is not legal in any way, shape or form.
As the legal debate grows louder, so do other ones about what is already one of the nation's biggest cash crops.
Take economics. In an age of national, state and local budget crises and a war on terror—so goes the argument of legalization advocates—why not spend the enforcement dollars on other things and new tax dollars from pot on the same old things we struggle to afford? 


Because of possible health effects and the "gateway" consequences, critics answer. 

That's one side of the health debate. The other, simply put, is that no one has ever died from marijuana use. And then there are the debates over whether society's interests are better protected with regulated use and if the war on drugs is a success or failure.
Money, Ideology, Policy
Slowly over the past four decades, the drug has worked its way into the nation's social fabric. Baby boomers and counter-culture types of the past are now leaders, movers and shakers, who want to see marijuana over the counter.  
"Marijuana is moving toward legalization for economic reasons. It is a major economic force and will be legalized no matter what we think about it," says Dr. David E. Smith.
Smith, who now opposes legalization, is no idle observer. He's a five-decade veteran of the drug treatment field, who founded the Haight-Ashbury Free Clinics of San Francisco in 1967 and is a reformed alcohol and pot user. (Read his full commentary)
He has ample—as well as authoritative and convincing—company, including academics, law enforcers, and politicians who not only expect legalization to happen, but also unequivocally enforce it.
The average American, however, isn't there yet.
A new AP poll commissioned by CNBC shows 55 percent oppose complete legalization, while 33 percent support it.

Medical marijuana is another story. Sixty percent of the 1,001 people surveyed by telephone in the early April poll support the legalization of small amounts for such a purpose. About half that amount, 28 percent, oppose the idea.

Medical marijuana explores the concept of legalization in largely an economic context, which is why you'll find ample representation of critics and opponents—both in and out of government—who say marijuana remains the "gateway drug," and the cost-benefit analysis of legalization has been greatly simplified.
Joel W. Gray,  professor of pharmaceutical economics and policy at the University of Southern California, for instance, is highly critical of any economic savings, saying that for every dollar of tax revenue generated, the government would spend $10 in "societal costs" through treatment programs, reduced workplace productivity, lower testing scores, absenteeism in schools, accidents caused by clouded judgment and other aggravating circumstances.
"Marijuana & Money " explores virtually every angle and aspect of the marijuana debate, from the economics of taxation and law enforcement; the likely business models of production and consumption; the lobbying effort and public health debate; professional and workplace issues; and, of course, the rapidly evolving world of legalized medical marijuana.
Much of this you can track through individual state pages and a state-by-state tables.
In some three dozen articles, videos and slideshows—and another dozen, diverse commentaries(pro, con and neutral) from major players and thought leaders in the arenas of politics and government, law, medicine, sociology, religion and entertainment— "Marijuana & Money" catches a country in clear transition and a debate in high gear.


Marijuana is something many Americans know about—to one degree or another. (By one government estimate, 10.1 percent of the population admitted to using marijuana in 2007). It's part of American history, culture and our economy.

El Talibán amenaza atacar en Europa y EU

DERA ISMAIL KHAN, Paquistán (Agencias).— Los talibanes paquistaníes amenazaron ayer con lanzar ataques “muy pronto” en Estados Unidos y en Europa, luego de que un atacante suicida se inmolara en Quetta, dejando al menos 54 muertos y 160 heridos.

La advertencia del Talibán aumentó la presión sobre el gobierno de Paquistán, que también debe enfrentar la crisis ocasionada por las inundaciones que han golpeado al país. “Lanzaremos ataques en Estados Unidos y en Europa muy pronto”, dijo Qari Hussain Mehsud, importante líder de los talibanes paquistaníes, en entrevista telefónica para Reuters desde una ubicación no revelada.

El ataque en Quetta contra una manifestación chiíta que expresaba solidaridad con el pueblo palestino se produjo el mismo día en que Estados Unidos anunció que es posible que las inundaciones retrasen las ofensivas militares contra los insurgentes talibanes. “Las inundaciones en Paquistán probablemente van a retrasar cualquier operación del Ejército paquistaní en Waziristán del Norte por algún tiempo”, dijo el secretario de Defensa estadounidense, Robert Gates, en Afganistán, donde visita a las tropas de su país.
Decenas de muertos y heridos quedaron tendidos sobre charcos de sangre tras la explosión en Quetta, que también incendió varios vehículos, dijo el funcionario policial Hamid Shakeel.

Horas más tarde, los talibanes asumieron la responsabilidad por el ataque, diciendo que fue en venganza por el asesinato de clérigos radicales sunitas a manos de chiítas. “Nos enorgullecemos en asumir la responsabilidad por el ataque en Quetta”, declaró Mehsud a Reuters.
Previamente en el día, los talibanes también se adjudicaron los ataques explosivos contra una procesión chiíta en la ciudad de Lahore, que dejaron 33 muertos. Esas explosiones fueron el primer gran ataque desde que comenzaron las inundaciones en el país. Los talibanes y sus aliados a menudo atacan a minorías religiosas en su campaña para desestabilizar al gobierno. Los talibanes dijeron que la decisión de Washington de ponerlos en su lista de organizaciones terroristas es una señal de temor.

Un país bajo presión

Aparte de su lucha contra los talibanes locales, Paquistán está bajo una intensa presión estadounidense para que ataque a los combatientes talibanes afganos que cruzaron la frontera para luchar contra las tropas de la OTAN lideradas por Estados Unidos. Washington ha aumentado los ataques con aviones no tripulados en las zonas tribales pastunes de Paquistán desde principios de este año.
El viernes, uno de estos aparatos disparó misiles contra dos objetivos en la región tribal de Waziristán del Norte, causando la muerte de siete milicianos, entre los que se incluían dos extranjeros, según indicaron autoridades de inteligencia.
En otro ataque el viernes en el noroeste, un suicida con bomba provocó la muerte de una persona fuera de una mezquita de la secta Ahmadi, que se considera a sí misma como musulmana pero que Paquistán declaró no musulmana.


La atención se ha centrado nuevamente en los talibanes paquistaníes después de que fiscales estadounidenses esta semana acusaran a su líder, Hakimullah Mehsud, del complot que dejó siete empleados de la CIA muertos en una base estadounidense en Afganistán en diciembre pasado. Más tarde, Estados Unidos condenó enérgicamente los atentados contra civiles en Paquistán y ofreció condolencias.

Esclava de “Los Zetas”: una historia desde adentro

No hubo nadie que respondiera por ella. Antes de la semana de que la “levantaron” de la orilla del tren, en Coatzacoalcos, Veracruz, la convirtieron en la cocinera de los migrantes secuestrados y de los jefes de casa de seguridad. “Al principio sólo les cocinaba pero cuando me agarraron confianza me dieron su ropa para que se las lavara”, relata

DRAMA. Marisolina cocinaba y, ocasionalmente, lavaba la ropa de los sicarios (Foto: ALMA RODRÍGUEZ AYALA EL UNIVERSAL )



DISTRITO FEDERAL

Marisolina no tenía parientes en Estados Unidos y mucho menos en El Salvador que quisiera pagar 3 mil dólares para que Los Zetas, que la tenían secuestrada, la dejaran libre. “Con algo nos vas a tener que pagar güerita”, la amenazaban los primeros días de cautiverio.

No hubo nadie que respondiera por ella. Antes de la semana de que la “levantaron” de la orilla del tren, en Coatzacoalcos, Veracruz, la convirtieron en la cocinera de los migrantes secuestrados y de los jefes de casa de seguridad. “Al principio sólo les cocinaba pero cuando me agarraron confianza me dieron su ropa para que se las lavara”, relata.
Una noche, al terminar de servir la cena, el hombre, a quien todos apodaban El Perro, que era como el jefe de la casa de seguridad, se emborrachó, se metió mucha cocaína y le pidió que se sentara a platicar con él. En ese momento le preguntó: “Güerita: ¿sabes porque traigo la ropa tan sucia?
Marisolina recuerda que le tenía mucho miedo a ese hombre porque siempre traía una arma colgando y maltrataba mucho a los migrantes. “Le dije que imaginaba que arreglaban las camionetas en las que trasladaban a los centroamericanos”.

El Perro soltó tremenda carcajada y dijo: Yo soy el carnicero. No hago nada de mecánica. Mi trabajo es deshacerme de la basura que no paga.

Atemorizada aún, relata aquel momento: “De manera burlona y sin ningún remordimiento me contó que él era el encargado de matar a los migrantes que no tenían para pagar el rescate. Dijo: primero los hago en cachitos para que quepan en los tambos y luego les prendo fuego hasta que no queda nada de esos pendejos”.
Esa noche no pudo dormir. Estaba atenta a cualquier ruido. Escuchó entrar y salir gente de la casa pero no tuvo el valor de asomarse a ver qué pasaba. A la mañana siguiente El Perro, le dio a la lavar la ropa.
Guarda silencio unos minutos antes de continuar su relato. Sin parar de llorar cuenta: “Yo lavé, muchas veces, la sangre de esa gente. Al tallar la ropa salían los pedazos de carne. Todo olía a hollín, que para mí, eso significa olor a muerte”.

Marisolina estuvo tres meses bajo el cautiverio de un grupo que se hacía llamar Los Zetas. Ya sea en sus parrandas o en las reuniones para arreglar negocios, ella era la encargada de servirles la comida a los jefes. “Cuando se juntaban los escuchaba decir que Los Zetas era un organización muy respetable. A veces me llevaban a un hotel que rentaban en Coatzacoalcos. Ahí pude identificar la cadena de mando de La compañía como ellos le decían a su organización”.
Los soldados, revela, eran los que cuidaban de día y de noche a los migrantes. “Luego estaban los Alfa, a ellos los escuché muchas veces hablar con los policías, con los de migración o con los maquinistas. Ellos les avisaban cuando venía un grupo numeroso de centroamericanos en el tren, o cuando los habían detenido.
Tratando de disimular el acento salvadoreño, recuerda haber ubicado a seis carniceros, uno por cada casa de seguridad. “Arriba de los carniceros estaban los meros jefes, ellos daban orden de cuántos desaparecer”.

Se cubre el rostro al recordar que ella conocía a muchos de los desaparecidos. “Un día me ordenaron que subiera la comida a un cuarto al que nunca había entrado. El puro olor de ese lugar me hacía llorar. Ahí tenían a los amarrados. Ellos eran los que no podían pagar y estaban en la lista para ser asesinados. Los tenían cubiertos de los ojos y esposados de las manos. Ya no salían de ahí más que para morir. A muchos les di de comer en la noche y a la mañana siguiente ya no estaban. Y entonces subían a otros. Vi desaparecer a muchos. Y me duele que no pude ayudar a ninguno, aunque muchos me suplicaban”.

Una noche, tras un operativo del Ejército en una de las casas de seguridad de Los Zetas, donde rescataron a otros migrantes, El Perro le pidió a Marisolina y a una amiga que lo acompañaran a comprar cigarros y refrescos. Afuera de una tienda las dejaron ir, no sin antes advertirles que no dejaran que su boca las matara.
Largas caminatas, días y noches sin comer, precedieron a la denuncia de su cautiverio bajo el mando de Los Zetas. “No queríamos hablar con la policía porque no confiábamos en nadie. Accedimos porque la gente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, que nos ayudaron mucho, dijeron que nuestro testimonio podía servir para evitar que otra persona sufriera lo mismo que nosotras”
.
Pero la peor decepción vino después cuando personal de la Procuraduría General de la República les informó que su situación de víctimas cambiaría a la de indiciadas porque “existía la sospecha de que fuéramos gente de Los Zetas, no podían creer que después de conocer la forma de operar de estos criminales, nos hubieran dejado libres así nomas”.