Monday, June 7, 2010

Capitalism, the Absurd System - Monthly Review

Capitalism, the Absurd System - Monthly Review:

"A few years ago, in a class one of us taught, a discussion arose about how capitalism works as a system in which the need for the few to maximize profit drives the entire political-economic structure. The students appeared to grasp how the capital accumulation process has a strong effect, often negative, on the course of a society’s development. The discussion then turned to Salvador Allende’s Chile of the early 1970s, where the goal was to develop a socialist political economy. “Knowing what you do about how capitalism functions,” the students were asked, “what would a socialist system look like?” They were unusually quiet. Finally, one of them blurted out: “I don’t know how it could work. I guess the government would have to kill everybody.”

The question of how a socialist society would operate raised a horrible, dystopian image in this student’s mind. Such libertarian fears of a totalitarian state imposing socialism by force, even to the point of annihilation, on an unwilling people, who are presumed to be capitalist by nature, are all too common. This brings to mind Fredric Jameson’s comment: “Someone once said that it is easier [for most people in today’s society] to imagine the end of the world than to imagine the end of capitalism.”2

Perhaps nothing points so clearly to the alienated nature of politics in the present day United States as the fact that capitalism, the economic system that drives the society, is effectively off-limits to critical review or discussion. To the extent that capitalism is mentioned by politicians or pundits, it is regarded in hushed tones of reverence for the genius of the market, its unquestioned efficiency, and its providential authority. One might quibble with a corrupt and greedy CEO or a regrettable loss of jobs, but the superiority and necessity of capitalism—or, more likely, its euphemism, the so-called “free market system”—is simply beyond debate or even consideration. There are, of course, those who believe that the system needs more regulation and that there is room for all sorts of fine-tuning. Nevertheless, there is no questioning of the basics.

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Sunday, June 6, 2010

Lo que todo ambientalista necesita saber sobre capitalismo - Elpolvorin

Fred Magdoff y John Bellamy Foster
Monthly Review | Volumen 61, número 10 | Marzo de 2010
Traducción al español: Observatorio Petrolero Sur

Ha llegado el momento de que aquellos preocupados por el destino de la Tierra enfrenten los hechos: no sólo la grave realidad del cambio climático sino también la acuciante necesidad de un cambio en el sistema social. La incapacidad de arribar a un acuerdo sobre el clima global en Copenhague en diciembre de 2009 no fue únicamente una simple abdicación de liderazgo mundial, como se ha sugerido frecuentemente, sino que tuvo raíces más profundas en la inhabilidad del sistema capitalista para lidiar con la creciente amenaza a la vida en el planeta. El conocimiento de la naturaleza y los límites del capitalismo, y los medios para trascenderlo, tienen entonces importancia vital. En palabras de Fidel Castro en diciembre de 2009: “Hasta hace muy poco se discutía sobre el tipo de sociedad en que viviríamos. Hoy se discute si la sociedad humana sobrevivirá”.[1]

I. La crisis ecológica planetaria

Existe abundante evidencia de que los humanos han causado daño ambiental durante milenios. Problemas por deforestación, erosión de suelos, y salinización de suelos irrigados se remontan a la antigüedad. Platón escribió en Critias:

Nuestra tierra ha venido a ser, en comparación con la que fuera entonces, como el esqueleto de un cuerpo descarnado por la enfermedad. Las partes grasas y blandas de la tierra se han ido en todo el derredor, y no queda más que el espinazo desnudo de la región. Pero, en aquellos tiempos, cuando estaba aún intacta, tenía como montañas, elevadas ondulaciones de tierra; las llanuras que hoy día se llaman campos de Feleo, estaban cubiertas de glebas grasísimas; sobre las montañas había extensos bosques, de los que aún quedan actualmente huellas visibles. Pues, entre estas montañas que no pueden alimentar ya más que las abejas, las hay sobre las que se cortaban, no hace aún mucho tiempo, grandes árboles, aptos para levantar las mayores construcciones, cuyos revestimientos aún existen. Había también multitud de altos árboles cultivados, y la tierra brindaba a los rebaños unos pastos inagotables. El agua fecundante de Zeus que caía cada año sobre ella, no corría en vano, como actualmente para irse a perder en el mar desde la tierra estéril: la tierra tenía agua en sus entrañas, y recibía del cielo una cantidad que ella había hecho impermeables; y ella conducía también y desviaba por sus anfractuosidades el agua que caía de los lugares elevados. De esta manera, por todas partes se veían rielar las generosas corrientes de las fuentes y los ríos. Respecto de todos estos hechos, los santuarios que en nuestros días aún subsisten en honor de las antiguas fuentes, son un testimonio fehaciente de que esto que acabamos de contar es verídico.[2]

Lo que es diferente en nuestra era actual es que existen muchos más de nosotros habitando la Tierra, que tenemos tecnologías que pueden ocasionar daños mucho peores y hacerlos más rápido, y que tenemos un sistema económico que no conoce límites. El daño que se está haciendo se encuentra tan extendido que éste no sólo degrada ecologías locales y regionales, sino que también afecta el medio ambiente planetario.

Características del capitalismo en conflicto con el ambiente

El sistema económico que domina casi todos los rincones del planeta es el capitalismo, que, para la mayoría de los humanos, es tan “invisible” como el aire que respiran. Estamos, de hecho, enormemente ajenos al sistema mundial, tanto como los peces se encuentran ajenos al agua en que nadan. Es la ética del capitalismo, sus perspectivas, y forma de pensar que asimilamos y a la que nos aculturamos cuando crecemos. Inconscientemente, aprendemos que la codicia, la explotación de los trabajadores, y la competencia (entre personas, negocios y países) no son sólo aceptables sino de hecho buenas para la sociedad porque ayudan a que nuestra economía funcione “eficientemente”.

Consideremos algunos aspectos claves del conflicto del capitalismo con la sustentabilidad ambiental:


A. El capitalismo es un sistema que debe expandirse continuamente

Un capitalismo sin crecimiento es un oxímoron: cuando cesa el crecimiento, el sistema ingresa en un estado de crisis particularmente sufrido por los desempleados. La fuerza rectora básica del capitalismo y toda su razón de ser es la consecución de ganancias y riqueza a través del proceso de acumulación (ahorro e inversiones). No reconoce límites para su propia auto-expansión –ni en la economía como un todo; ni en las ganancias deseadas por los ricos; ni en el aumento en el consumo que se induce para generar mayores ganancias o corporaciones. El medio ambiente existe, no como un lugar con límites inherentes dentro de los cuales los seres humanos deben vivir junto a otras especies, sino como un reino a ser explotado en un proceso de creciente expansión económica.

De hecho, los negocios, de acuerdo con la lógica interna del capital, que es reforzada por la competencia, deben o “crecer o morir” –como el sistema en sí mismo. Es poco lo que se puede hacer para aumentar las ganancias cuando el crecimiento es lento o nulo. Bajo tales circunstancias, existen pocas razones para invertir en nueva capacidad, cerrando por lo tanto la posibilidad de obtener nuevas ganancias a partir de nuevas inversiones. En una economía estancada puede exprimirse a los trabajadores para obtener mayores ganancias. Medidas como la reducción de personal y la exigencia de “hacer más con menos” a los que quedan, la transferencia de los costos de pensiones y seguros de salud a los trabajadores, y la automatización que reduce el número de trabajadores necesarios sólo pueden llegar hasta cierto punto sin que el sistema se desestabilice más. Si una corporación es lo suficientemente grande puede, como Wal-Mart, forzar a los proveedores, temerosos de perder su negocio, a reducir sus precios. Pero esos medios no son suficientes para satisfacer lo que es, de hecho, una búsqueda insaciable de mayores ganancias, con lo cual las corporaciones se encuentran continuamente impelidas a luchar contra sus competidores (incluyendo frecuentemente su compra) para incrementar porciones de mercado e ingresos por ventas.

Es cierto que el sistema puede continuar moviéndose hacia adelante, hasta cierto punto, como resultado de la especulación financiera apalancada por deuda creciente, inclusive en medio de una tendencia de lento crecimiento de la economía subyacente. Pero esto significa, como hemos visto una y otra vez, el crecimiento de burbujas financieras que explotan inevitablemente.[24] Bajo el capitalismo no existe alternativa a una expansión indefinida de la “economía real” (por ejemplo, la producción), independientemente de las necesidades humanas reales, consumo, o el medio ambiente.

Uno podría considerar aún que es teóricamente posible una economía capitalista con crecimiento cero, y que aún así logre hacer frente a las necesidades humanas básicas. Supongamos que todas esas ganancias que obtienen las corporaciones (luego de reponer equipos o instalaciones obsoletas) son gastadas por los capitalistas en su propio consumo o dadas a los trabajadores como salarios y beneficios, y consumidas. Capitalistas y trabajadores gastarían este dinero, comprando los bienes y servicios producidos, y la economía podría permanecer en un estado constante, un nivel de no-crecimiento (lo que Marx denominó “reproducción simple” y algunas veces ha sido llamado “estado estacionario”). Como no habría inversión en nuevas capacidades productivas, no habría crecimiento económico y acumulación, y tampoco habría ganancias.

Existe, no obstante, un pequeño problema con esta “utopía capitalista de no-crecimiento”: la misma viola la fuerza básica de movimiento del capitalismo. Por lo que el capital lucha y constituye el propósito de su existencia es la propia expansión. ¿Por qué los capitalistas, quienes en cada fibra de su ser creen poseer un derecho personal a las ganancias de los negocios, y quienes se encaminan hacia la acumulación de riqueza, simplemente gastarían el excedente económico a su disposición en su propio consumo o (muchísimo menos) lo entregarían a los trabajadores para que lo gasten en el propio –en lugar de buscar expandir su riqueza? ¿Si no se generan ganancias, como podrían evitarse las crisis económicas bajo el capitalismo? Al contrario, está claro que los dueños del capital harán, en tanto y en cuanto continúen vigentes esas relaciones de propiedad, todo lo que su poder les permita para maximizar las ganancias que acumulan. Una economía en estado estacionario, o constante, como solución estable sólo puede ser concebida si se la separa de las relaciones sociales del capital.

El capitalismo es un sistema que constantemente genera un ejército de reserva de desempleados; significativamente, el pleno empleo es una rareza que únicamente ocurre con tasas de crecimiento muy altas (que, correspondientemente, son peligrosas para la sustentabilidad ecológica). Tomando el ejemplo de los Estados Unidos, observemos qué ocurre con el número oficial de “desempleados” cuando la economía crece a tasas diferentes en un período de cerca de sesenta años.

Como trasfondo, notemos que la población de Estados Unidos está creciendo a poco menos del 1 por ciento cada año, como lo hace el número neto de nuevos ingresantes en la población económicamente activa. En las mediciones actuales de desempleo en EE.UU., para que una persona sea considerada oficialmente desempleada, debe haber buscado trabajo dentro de las últimas cuatro semanas y no puede estar desempeñando trabajos de medio tiempo. Personas sin trabajo, que no han buscado trabajo en las últimas cuatro semanas (pero que han buscado dentro del último año), tanto porque creen que no hay empleos disponibles, o porque piensan que no están calificados para los disponibles, son clasificadas como “desanimadas” y no son contadas como oficialmente desempleadas. Otros “trabajadores marginalmente adjuntos”, que no han buscado trabajo recientemente, no porque estuvieran “desanimados”, sino por otras razones, como falta de una guardería asequible, también son excluidos del conteo oficial de desempleo. Además, aquellos trabajando medio tiempo pero queriendo trabajar tiempo completo no son considerados oficialmente desempleados. La tasa de desempleo para la definición más abarcativa del Buró de Estadísticas Laborales, que también incluye las categorías que desarrollamos más arriba (por ejemplo, trabajadores desanimados, trabajadores marginalmente adjuntos, trabajadores de medio tiempo queriendo trabajos de tiempo completo) prácticamente dobla la tasa oficial de desempleo de los EE.UU. En el siguiente análisis nos focalizamos únicamente en los datos oficiales de desempleo.

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Friday, June 4, 2010

El Imperio y la Mentira - Elpolvorin

No me quedó otra alternativa que escribir dos reflexiones sobre Irán y Corea, que explican el peligro inminente de guerra con el empleo del arma nuclear. A su vez, expresé ya la opinión de que uno de ellos podía subsanarse si China decidía vetar la resolución que Estados Unidos promueve en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. El otro depende de factores que escapan a toda posibilidad de control, debido a la conducta fanática del Estado de Israel, convertido por Estados Unidos a su actual condición de fuerte potencia nuclear, que no acepta control alguno de la superpotencia.

Cuando se produce la primera intervención de Estados Unidos para aplastar la Revolución Islámica en junio de 1953, en defensa de sus intereses y los de su estrecho aliado el Reino Unido, que llevó al poder a Mohammad Reza Pahlevi, Israel era un pequeño Estado que no se había apoderado todavía de casi todo el territorio palestino, parte de Siria y no poco de la vecina Jordania, defendida hasta entonces por la Legión Árabe, de la que no quedó ni la sombra.

Hoy los cientos de cohetes con ojivas nucleares, apoyados por los aviones más modernos que le suministra Estados Unidos, amenazan la seguridad de todos los Estados de la región, árabes y no árabes, musulmanes y no musulmanes, que están al alcance del amplio radio de acción de sus proyectiles, que pueden caer a pocos metros de sus objetivos.

El pasado domingo 30 de mayo, cuando escribí la reflexión El imperio y la droga, no había ocurrido todavía el brutal ataque contra la flotilla que transportaba víveres, medicamentos y artículos para el millón y medio de palestinos sitiados en un pequeño fragmento de lo que fuera su propia Patria durante miles de años.

La inmensa mayoría de las personas invierten su tiempo y luchan para enfrentar las necesidades que les impone la vida -entre ellas el alimento, el derecho a la recreación y al estudio, y otros problemas vitales de los familiares más allegados-; no pueden detenerse en la búsqueda de información sobre lo que está ocurriendo en el planeta. Uno los ve en cualquier parte con expresiones de nobleza y confiando en que otros se encargarán de buscar soluciones a los problemas que los agobian. Son capaces de alegrarse y sonreír. Alegran de esta forma a los que tenemos el privilegio de observar con ecuanimidad las realidades que nos amenazan a todos.

El extrañísimo invento de que Corea del Norte había hundido la corbeta sudcoreana Cheonan -diseñada con tecnología de punta, dotada con amplio sistema de sonar y sensores acústicos submarinos-, en aguas situadas frente a sus costas, la culpaba del atroz hecho que costó la vida de 40 marinos sudcoreanos y decenas de heridos.

No era fácil para mí desentrañar el problema. No tenía, por un lado, la forma de explicarme que fuera posible para gobierno alguno, por mucha autoridad que disfrutara, utilizar los mecanismos del mando para dar la orden de torpedear una nave insignia. Por otro lado, no creí por un segundo la versión de que Kim Jong Il diera esa orden.

Carecía de elementos de juicio para llegar a una conclusión, pero tenía la seguridad de que China vetaría un proyecto de resolución del Consejo de Seguridad que sancionara a Corea del Norte. Por otro lado no tenía duda alguna de que Estados Unidos no puede evitar el empleo del arma nuclear por parte del gobierno incontrolable de Israel.

En horas avanzadas del día 1º de junio comenzó a descorrerse el velo de lo que realmente ocurrió.

Escuché a las 10 y 30 p.m. el contenido de un análisis agudo del periodista Walter Martínez, que elabora Dossier, programa estelar de la televisión venezolana. Él llegó a la conclusión de que Estados Unidos hizo creer a una y otra parte de Corea lo que cada una de ellas afirmaba de la otra, con el objetivo de resolver el problema de la devolución del territorio ocupado por la base de Okinawa que el nuevo líder de Japón, haciéndose eco de las ansias del país, demandaba. Su partido obtuvo un enorme respaldo en las elecciones debido a esa promesa suya de lograr el retiro de la base militar allí instalada, que es un puñal clavado desde hace más de 65 años en el corazón del Japón, hoy desarrollado y rico.

A través de Global Research se conocen los detalles verdaderamente asombrosos de lo que ocurrió, gracias al artículo de Wayne Madsen, periodista investigador que trabaja en Washington DC, que divulgó información de fuentes de inteligencia en el sitio web Wayne Madsen Report.

Dichas fuentes -afirmó- “…sospechan que el ataque contra la corbeta de guerra antisubmarina de la Armada sudcoreana Cheonan fue un ataque de bandera falsa hecho para que pareciera provenir de Corea del Norte.”

“Uno de los propósitos principales para el aumento de las tensiones en la península coreana era aplicar presión sobre el primer ministro japonés Yukio Hatoyama para que cambiara de política sobre el retiro de Okinawa de la base del Cuerpo de Marines de EE.UU. Hatoyama ha admitido que las tensiones por el hundimiento del Cheonan tuvieron una importante influencia en su decisión de permitir que los marines de EE.UU. permanecieran en Okinawa. La decisión de Hatoyama ha llevado a una división en el gobierno de la coalición de centroizquierda, un hecho saludado en Washington, por la amenaza del líder del Partido Socialdemócrata, Mizuho Fukushima, de abandonar la coalición por el cambio de actitud sobre Okinawa.

“El Cheonan fue hundido cerca de la isla Baengnyeong, un lugar del extremo occidental alejado de la costa sudcoreana, pero frente a la costa norcoreana. La isla está altamente militarizada y dentro del alcance de fuego de artillería de las defensas costeras norcoreanas, que está al otro lado de un estrecho canal.

“El Cheonan, una corbeta de guerra antisubmarina, tenía sonar de tecnología de punta, y además operaba en aguas con amplios sistemas de sonar hidrófono y de sensores acústicos submarinos. No existe evidencia sudcoreana de sonar o de audio de un torpedo, submarino o mini-submarino en el área. Ya que no hay casi navegación en el canal, el mar estaba silencioso en el momento del hundimiento.

“Sin embargo, la isla Baengnyeong alberga una base de inteligencia militar estadounidense-sudcoreana y SEALS [fuerzas especiales] de la Armada de EE.UU. operan desde la base. Además, había cuatro barcos de la Armada de EE.UU. en el sector, parte del Ejercicio Foal Eagle EE.UU.-Corea del Sur, durante el hundimiento del Cheonan. Una investigación de las huellas metálicas y químicas del torpedo sospechoso muestra que es de producción alemana.

“Existen sospechas de que los SEALS de la Armada de EE.UU. mantienen una muestra de torpedos europeos con fines de denegabilidad plausible para ataques de bandera falsa. Además, Berlín no vende torpedos a Corea del Norte, sin embargo, Alemania mantiene un programa de estrecha cooperación de desarrollo conjunto de submarinos y armas submarinas con Israel.

“La presencia del USNS Salvor, uno de los participantes en Foal Eagle, tan cerca de la isla Baengnyeong durante el hundimiento de la corbeta sudcoreana, también suscita preguntas.

“El Salvor, un barco civil de salvamento de la Armada, que participó en actividades de colocación de minas por los marines tailandeses en el Golfo de Tailandia en 2006, estuvo presente cerca del momento de la explosión, con un complemento de 12 buzos de aguas profundas.

“Pekín, satisfecha con la afirmación de inocencia de Kim Jong Il de Corea del Norte después de un viaje urgente en tren de Pyongyang a Pekín, sospecha del papel de la Armada de EE.UU. en el hundimiento del Cheonan, asociada a sospechas particulares respecto al papel jugado por el Salvor. Las sospechas son las siguientes:

“1. El Salvor participaba en una operación de instalación de minas en el lecho marino; en otras palabras, colocaba minas antisubmarinas disparadas horizontalmente en el fondo del mar.

“2. El Salvor estaba realizando inspección rutinaria y mantenimiento de minas en el lecho marino, y colocándolas en un modo electrónico activo -disparo por gatillo sensible- como parte del programa de inspección.

“3. Un buzo de los SEALS colocó una mina magnética en el Cheonan, como parte de un programa clandestino con la intención de influenciar la opinión pública en Corea del Sur, Japón y China.

“Las tensiones en la península coreana han eclipsado convenientemente todos los demás puntos de la agenda en las visitas de la secretaria de Estado Hillary Clinton a Pekín y Seúl.”

Así, de forma asombrosamente fácil, Estados Unidos logró resolver un importante problema: liquidar el gobierno de Unidad Nacional del Partido Demócrata de Yukio Hatoyama, pero a un altísimo costo:

1- Ofendió profundamente a sus aliados de Corea del Sur.

2- Destacó la habilidad y rapidez con que actuó su adversario Kim Jong Il.

3- Resaltó el prestigio de la potencia China, cuyo Presidente con plena autoridad moral se movió personalmente y envió a los principales líderes de China a conversar con el Emperador Akihito, el Primer Ministro y otras personalidades eminentes de Japón.

Los líderes políticos y la opinión mundial tienen una prueba del cinismo y la falta total de escrúpulos que caracterizan la política imperial de Estados Unidos.